
Si decide emprender un programa de ejercicios en el gimnasio, ante todo no se ponga metas poco realistas. Comience despacio y vaya aumentando la intensidad poco a poco, según recomiende su profesor del gimnasio. De un tiempo a esta parte, los científicos se han percatado del valor del ejercicio físico suave y moderado, y recomiendan a las personas sedentarias que incrementen su actividad de forma gradual. Por ejemplo, un compañero del gimnasio me dijo el mes pasado: “Empiece incorporando unos cuantos minutos de mayor actividad al día, y vaya aumentando hasta llegar a treinta minutos todos los días o, de no ser posible, varios días a la semana”. Aparte la semana pasada me comento, “basta con realizar las actividades normales -como caminar y subir por las escaleras- con más frecuencia aparte de venir al gimnasio, durante más tiempo o a un ritmo más rápido”.
Quienes empiezan una nueva rutina deben centrarse en la regularidad más que en la intensidad. Solo cuando hayan desarrollado fuerza y resistencia, pueden aumentar la intensidad de los ejercicios. ¿Cómo? Una posibilidad es dedicando más tiempo a actividades fuertes tales como caminar a paso ligero, correr, subir escaleras o montar en bicicleta. Y para completar una rutina cargada, podrían incorporarse pesas y ejercicios de estiramiento. Recuerde, no obstante, que muchos expertos en salud discrepan de la máxima de que “si no duele, no hace efecto”. Así pues, para reducir el riesgo de sufrir lesiones en el gimnasio y evitar el agotamiento y el desánimo que empuja a muchos a abandonar el ejercicio, manténgalo a un nivel cómodo.
Esteroides mortales
Muchos creen que, a menos que se inscriban en un gimnasio y pasen mucho tiempo ejercitándose, no mejorará de modo significativo su condición física. Pero no es así. “Creo que debemos respaldar la idea de que es muy beneficioso dar un paseo agradable y sosegado por el vecindario antes o después de ir al gimnasio”,
En todo el mundo “un 60% de los fisicoculturistas utilizan esteroides”, -dijo el profesor del gimnasio. Los chicos de entre 17 y 18 años comienzan a usarlos a principios de año “para poder exhibir su musculatura en las piscinas cuando llegue junio”. Aunque los esteroides “pueden adquirirse en prácticamente cualquier gimnasio”, resultan nocivos para el organismo. “No solo dañan el hígado, sino también los músculos”, me ha dicho José, un vecino a tres cuadras de casa.
Otros efectos secundarios son problemas de la piel y del cabello, hiperactividad, conducta agresiva y alteraciones emocionales conflictivas. Algunos de estos efectos solo se manifiestan al cabo de varios años. Pues bien, según varios estudios, las personas que van al gimnasio y que acostumbran a no hacerlo son menos propensas a enfermarse que quienes llevan una vida sedentaria. Además, fortalecen los huesos -evitando así la osteoporosis-; adquieren más vigor, flexibilidad y resistencia; logran adelgazar más fácilmente y mantener el peso; duermen mejor; ganan agilidad mental, e incluso ven aliviada la depresión.
Una amiga me dijo: “Salir del sedentarismo y moverse con vigor media hora varios días a la semana después del gimnasio reduce de forma espectacular el riesgo [de enfermar]“.



