
Muchos creen que, a menos que se inscriban en un gimnasio y pasen mucho tiempo ejercitándose, no mejorará de modo significativo su condición física. Pero no es así. “Creo que debemos respaldar la idea de que es muy beneficioso dar un paseo agradable y sosegado por el vecindario antes o después de ir al gimnasio”,
En todo el mundo “un 60% de los fisicoculturistas utilizan esteroides”, -dijo el profesor del gimnasio. Los chicos de entre 17 y 18 años comienzan a usarlos a principios de año “para poder exhibir su musculatura en las piscinas cuando llegue junio”. Aunque los esteroides “pueden adquirirse en prácticamente cualquier gimnasio”, resultan nocivos para el organismo. “No solo dañan el hígado, sino también los músculos”, me ha dicho José, un vecino a tres cuadras de casa.
Otros efectos secundarios son problemas de la piel y del cabello, hiperactividad, conducta agresiva y alteraciones emocionales conflictivas. Algunos de estos efectos solo se manifiestan al cabo de varios años. Pues bien, según varios estudios, las personas que van al gimnasio y que acostumbran a no hacerlo son menos propensas a enfermarse que quienes llevan una vida sedentaria. Además, fortalecen los huesos -evitando así la osteoporosis-; adquieren más vigor, flexibilidad y resistencia; logran adelgazar más fácilmente y mantener el peso; duermen mejor; ganan agilidad mental, e incluso ven aliviada la depresión.
Una amiga me dijo: “Salir del sedentarismo y moverse con vigor media hora varios días a la semana después del gimnasio reduce de forma espectacular el riesgo [de enfermar]“.

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